Una vez más el Real Zaragoza no ha estado solo en un momento crucial, la afición blanquilla ha copado las gradas del Coliseum Alfonso Pérez haciendo del estadio madrileño una pequeña Romareda. Cerca de 15.000 zaragocistas arroparon al equipo en su último duelo de la temporada, el definitivo, el que finalmente colmaría las esperanzas mañas. El equipo blanquillo logró la permanencia a más de 300 kilómetros de casa, pero sintiéndose más cerca que nunca gracias a las miles de gargantas que no cesaron de animarle.
Desde primera hora de la mañana Getafe se convirtió en una ciudad aragonesa más; banderas, bufandas y pancartas dejaban claro que el Real Zaragoza no viajaba solo a la Comunidad de Madrid. Lo hacía acompañado por el jugador número doce, el que nunca había fallado, quien siempre había permanecido ahí.
A la llegada del autobús zaragocista al estadio la policía tuvo que hacerle hueco entre el gentío entusiasmado que esperaba la llegada de sus héroes. El grito de “sí, se puede” y el “alé Zaragoza, alé, alé” eran los más coreados y acompañaron la entrada de los jugadores. En el autocar podía leerse “gracias afición”, un gesto que los aficionados supieron agradecer. Pero no solo ha sido ese detalle, los jugadores han alabado durante toda la temporada la actitud de su hinchada, pero hoy sobre todo, la victoria la ha merecido la incasable afición.