El zaragocismo que se hereda: una familia que siente el escudo desde la cuna
Marcos y sus tres hijos encarnan a la perfección lo que significa ser del Real Zaragoza: un sentimiento que no se explica, se transmite.
Marcos y sus tres hijos encarnan a la perfección lo que significa ser del Real Zaragoza: un sentimiento que no se explica, se transmite.
Socios desde bien pequeños, los cuatro comparten una forma única de sentir los colores y de vivir cada partido como una tradición familiar.
Marcos, el padre, ha convertido cada jornada en una experiencia que va más allá de los 90 minutos. A su lado, sus hijos —Marcos (11 años), Vega (4 años) y la pequeña Álex (año y medio)— crecen empapándose de zaragocismo. Desde los nervios previos al partido hasta corear los cánticos en la grada, todo forma parte de un ritual que ya corre por sus venas.
Una manera de sentir que no pasa desapercibida: han sido elegidos como zaragocistas del partido, un reconocimiento a su forma de vivir y transmitir el zaragocismo.
El sentimiento blanquillo no tiene edad. Se aprende en casa, se refuerza en el estadio y se lleva con orgullo cada día.